El centro del cuadro no se toca
La investigación manda cero desorden, y el desorden más común del amateur es tapar el arte con adornos. El compositor solo añade dos scrims de gradiente: arriba (0.88→0) para que el título contraste con cualquier cielo que pinte el artista, abajo (0→0.92) para la firma. La franja central —donde vive el sujeto focal— queda intacta por diseño. No hay badges, no hay marcos, no hay "nuevo" pegado encima: la portada solo tiene que detener el pulgar; la venta la hace la página del producto.
El escrúpulo se extiende al proceso: el arte se genera SIN texto (pedirle letras a un modelo generativo es pedir alucinaciones con kerning roto), y la llamada de acción nunca entra al cuadro. Compara cualquier portada compuesta: el centro respira, la información vive en los bordes donde el ojo la busca. Ese equilibrio es diseño, no casualidad — y es idéntico en las 0 portadas ya servidas.
El adornista tapa el cuadro; el editor lo respeta y firma abajo.
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